No se salvan ni los muertos

Fuente: Curar con Opinion

Por Dr. Daniel Cassola

El fallecimiento de un familiar o ser querido es un momento duro que todos debemos atravesar durante nuestras vidas. Lo ideal sería que quienes están pasando por el trance de la pérdida no tengan que lidiar con cargas extra de estrés. Pero para los familiares de afiliados al PAMI la muerte puede ser solo el comienzo de una serie de problemas.

Históricamente, la obra social de los jubilados cubría el sepelio. Tenía convenios con una red de empresas funerarias que funcionaban como prestatarias externas. A lo largo del tiempo este convenio prestacional, como tantos otros del PAMI, fue foco de denuncias de corrupción, sobreprecios y hasta de un armado mafioso entre algunas funerarias y la obra social. Entre otros ilícitos, la Justicia descubrió en varias oportunidades la falsificación de los servicios prestados. Las funerarias inventaban sepelios que nunca habían dado para poder obtener más recursos del PAMI.

En el año 2006, la entonces interventora Graciela Ocaña, denunció públicamente a las “mafias funerarias” y propuso un cambio del sistema. Para ello, recibió la ayuda de Sergio Massa, por entonces titular de la ANSES. El nuevo sistema contemplaba el traspaso de la cobertura de sepelios de afiliados del PAMI a la ANSES. A partir de entonces, los familiares de los fallecidos deben tramitar ante la ANSES un subsidio cuyo fin es cubrir el servicio fúnebre. El nombre del mismo es “Subsidio de Contención Familiar”.

Al presentar el cambio en el sistema prestacional Ocaña dijo: “Ante cualquier problema el PAMI y la ANSES van a pagar y se van a hacer cargo. No vamos a permitir que las mafias vuelvan a manejar estas instituciones”. En ese momento, año 2006, se estableció un monto de mil pesos, con el cual los familiares de los afiliados al PAMI podían recurrir a los servicios de más de 1600 cocherías en todo el país.

El problema es que el sistema no se actualizó y se desvirtuó con el tiempo. Hoy el monto que se paga, según consta en la página web de ANSES es de cuatro mil pesos. Por un lado, con esa suma ya no alcanza para cubrir prácticamente ningún servicio completo. Por otro lado, la familia es quien debe desembolsar el dinero en primera instancia porque el reintegro se produce, con suerte, a los 30 o 45 días de iniciado el trámite.

Este desajuste produce una serie de situaciones escabrosas e indignantes para quienes han perdido a un familiar. Hay clínicas que han tenido a los occisos durante semanas en sus morgues, hasta que la familia pudo reunir el dinero para el entierro. También hay casos incluso más degradantes, en los que los administradores de los geriátricos se las deben ingeniar para lidiar con un cadáver durante días, cuando no son instituciones preparadas para ello.

Como tantas otras cuestiones que tienen que ver con el PAMI, el servicio de sepelios necesita una revisión urgente. Hoy sus afiliados ni siquiera tienen garantizado un descanso en paz.

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